Obrador de barrio Trabajamos cada mañana con harinas de espelta y centeno integral molidas en piedra, sal marina y fermentaciones que respetan el tiempo. No buscamos atajos: el horno de leña marca el ritmo de la jornada.
Para quien valora el detalle Nuestros clientes son personas que prefieren una hogaza con miga alveolada y corteza crujiente antes que un pan industrial. También quienes quieren aprender a amasar en casa o encargar bollería para una ocasión especial.
Comunicación cercana Hablamos de harinas, de temperaturas de fermentación y de la textura de la miga con la misma naturalidad con la que recomendamos una focaccia de hierbas para la merienda. Sin tecnicismos innecesarios, pero con el respeto que merece el oficio.
Compromiso con lo ecológico Seleccionamos proveedores locales de harinas ecológicas y sal marina. Cada pieza que sale del obrador lleva el nombre de quien la horneó, porque la trazabilidad también es parte del sabor.
Cada mañana, nuestros hornos trabajan para abastecer a pequeños comercios y cocinas que valoran la fermentación lenta y los ingredientes de origen cercano.
Desde el primer fermento hasta el horno de leña, cada etapa del taller respondió a una decisión concreta: pan lento, harinas de molino de piedra y sal marina.
En 2018 comenzamos con una masa madre de espelta y un horno doméstico. Las primeras hogazas salían irregulares, pero la miga ya mostraba esa alveolatura que hoy nos define.
Instalamos el horno de piedra en 2020. La primera horneada nos obligó a reajustar tiempos y temperaturas: la corteza crujiente y el centro húmedo llegaron después de semanas de prueba.
Cambiamos a harinas ecológicas de molino de piedra en 2021. El centeno integral y la espelta cambiaron el carácter del pan, con más aroma y una miga más densa pero jugosa.
En 2022 abrimos el mostrador de desayunos y meriendas para llevar. Las focaccias de hierbas y los brioches laminados se sumaron a las hogazas, y el taller pasó a ser también un punto de encuentro.
Los talleres de panificación básica empezaron en 2023. Cada sesión termina con una hogaza que el participante se lleva a casa, y con las manos en la masa desde el primer minuto.
La suscripción de pan fresco nació de una necesidad real: clientes que querían pan de verdad todos los días. Hoy repartimos hogazas cada semana a hogares y pequeños comercios.